¿Por qué nos preocupamos cuando no tiene solución? ¿Por qué nos preocupamos cuando sí que la tiene?

Literalmente, “pre-ocuparnos” es aquello que hacemos antes de “ocuparnos”.
Es adecuado e incluso necesario dedicar un espacio y un tiempo a pensar en cómo hacernos cargo de nuestros conflictos.

Entre las funciones de la preocupación está también el ser una facilitadora a la hora de pedir ayuda. A través del rostro, el tono de voz y la postura, reforzamos las conexiones en nuestras “neuronas espejo” cuando vemos a alguien preocupado, y nos preocupamos con él.

Por si fuera poco, es también nuestra manera de prepararnos para encajar un resultado que difiere de nuestras expectativas, lo que no deja de ser una manera de adaptarnos a las nuevas circunstancias.
Más allá de su significado literal, es un estado emocional de alerta, de anticipación, y cómo tal, nos prepara para manejar una amenaza. El corazón se acelera, la tensión arterial sube, los músculos se tensan, y el cerebro funciona (si la amenaza es manejable) a pleno rendimiento.

Con lo cual:
Si tiene solución, ¿para qué te preocupas? Seguramente no puedes no hacerlo
Si no tiene solución, ¿para qué te preocupas? Seguramente no puedes no hacerlo.

Preparar y preparar-se para el futuro es lo que ha hecho que el ser humano llegue donde ha llegado.
La preocupación es un estado mental y corporal adaptativo, que no es malo en sí mismo, cuando tiene un principio y un fin acotado en el tiempo.

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¿Cuándo la anticipación se vuelve un problema?

Lo malo es la variedad de situaciones y estímulos que nos suponen una amenaza; que se experimenten como tales eventos que forman parte de la vida de manera natural, como los desacuerdos, el percibir que no le gustamos a alguien, ser el centro de atención en un momento dado, o estar en medio de una multitud… desplegando así los mecanismos de activación fisiológica propios del estado de alerta.

Siempre puedes preguntarte: ¿Me siento mal con esto? ¿Qué es lo que, en el fondo, está en juego aquí?
Así que si no puedes dejar de preocuparte, y te sientes mal porque tu entorno te convence de que la des-preocupación es algo deseable y asequible si cambias de actitud, aquí tienes otra alternativa que quizá te resulte más fácil y amable:

  • Escucha a tu preocupación, está ahí para decirte que algo no va bien. Sé considerado con ella. Si sientes que algo no está bien, por algo será, y si desprecias esa información no podrás encontrar la solución, se encuentre dentro o fuera de ti.
  • Preocuparse es el arte de decidir sobre aquello que para ti tendrá consecuencias reales, y despreocuparse es el arte de aceptar las consecuencias que sean, por lo tanto se trata de aprender a gestionar el impacto de las mismas, no de obligarte a actuar como si no formaran parte de la ecuación.
  • Enseñar a nuestros niños a confiar en su criterio a la hora de gestionar ese impacto en sus vidas teniendo en cuenta su momento evolutivo, ayudarles a desarrollar esa capacidad de autoescucha sin vivirla como un estorbo (a menudo somos nosotros los que nos incomodamos cuando ellos están aprendiendo a pre-ocuparse), y en definitiva, distinguir entre nuestras necesidades y las suyas, es hacerles un regalo para toda la vida. Es sabiduría emocional.
  • El Mindulness, el ejercicio de la meditación orientada a encontrarnos con nuestro mundo interior en el momento presente, es una herramienta muy eficaz para acercarnos a este fenómeno con curiosidad y aceptación, y por tanto puede contribuir muy positivamente a hacerlo más saludable.
  • Preocuparse en el momento adecuado es un síntoma de inteligencia. Tratarse a uno mismo con amabilidad, aún cuando se está preocupado, lo es aún más.

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